Before something

Hace mucho tiempo que no hablaba de cine, y nada mejor —para este verano— que un amor de verano por Europa. Por eso, hoy les traigo la Trilogía Before: Before Sunrise (Antes del amanecer), Before Sunset (Antes del atardecer) y Before Midnight (Antes del anochecer).

¿Por qué esta trilogía? Ufff. Porque su director, Richard Linklater, vivió algo muy similar a lo que luego transformó en película: una noche compartida con una desconocida en Europa, una conexión intensa, irrepetible. Lamentablemente, la mujer que conoció falleció antes siquiera de poder ver las películas. Tal vez por eso todo en esta historia se siente tan real, tan frágil.

Lo que me gusta de esta trilogía es que es posible. Porque esto pasa todo el tiempo en la vida real. ¿Nunca les pasó? Sentir esa conexión, esa atracción, eso que creemos que es amor —y en parte lo es— y en otra parte es algo distinto, algo que no se puede explicar… o tal vez yo todavía no tenga las palabras para hacerlo.

Me pregunto si realmente se necesitan tantas citas para confirmar lo que ya intuimos, para entender por qué algunas funcionan mejor que otras, o si simplemente somos tan neuróticos, tan asustados, tan ocupados esquivando al amor, que no nos permitimos reconocer cuando algo es real. Da miedo. A mí me da miedo enamorarme, pero no por el amor en sí, sino porque —como dice Rolón— amar es entregarle al otro el poder de lastimarte: permitirle conocer tus debilidades y puntos vulnerables, y aun así confiar en que decidirá no usar ese poder en tu contra.

Lo hermoso de estas películas son sus diálogos, todo el recorrido narrado casi como un gran plano secuencia que sigue a los personajes en sus detalles. No hay cambios de vestuario, no hay grandes escenografías: solo lugares de la vida cotidiana, y una Europa bellisima ¿Acaso no es eso lo más parecido al amor? Una secuencia infinita de sucesos conectados por ese sentimiento que hace que todo tenga más sentido.

En la primera película, Before Sunrise, Céline y Jesse comparten solo una noche caminando por Viena. Se conocen en un tren, deciden bajarse juntos y pasan horas hablando de la vida, del amor, del miedo, del futuro. No hay promesas ni certezas, solo la conciencia de que tal vez nunca vuelvan a verse. Y aun así, esa noche alcanza para volverlos inolvidables el uno para el otro.

En Before Sunset, nueve años después, Jesse presenta un libro en París. Céline aparece entre el público. Tienen apenas unas horas antes de que él tome un avión. Ya no son los mismos: hay decisiones tomadas, frustraciones acumuladas, vidas que no fueron como imaginaron. El amor sigue ahí, pero ahora convive con el peso del tiempo y de lo no dicho.

En Before Midnight, también nueve años después, los vemos como pareja, con hijas, enfrentándose a lo más difícil: la convivencia, el desgaste, los reproches, la pregunta de si el amor alcanza para sostener una vida entera. Ya no es el enamoramiento: es la elección diaria… y aun así, vale la pena.

Como Céline, yo guardo detalles inútiles de las personas, y creo que nunca podré olvidar a alguien con quien he estado, porque cada quien tiene sus propias características. Nadie reemplaza a nadie. Lo que se perdió, se perdió. Por eso soy muy cuidadosa con quien me involucro. Porque extraño hasta las cosas más mundanas de la otra persona. Veo detalles que me conmueven, que me hacen extrañar.

 ¿Acaso no es eso lo que hacemos en la vida? ¿Esperar, una y otra vez, amar un poco más?

Les dejo el tráiler de la película:

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